EL LIBRO De Las Revelaciones D´ Belzebuth

Las letras representan la integralidad de universos grandes, pequeños, distintos y paralelos. Nada es tabú cuando se trata de

un texto, mucho más hoy. Con ese preámbulo y en la coyuntura del carnaval este espacio comparte una minúscula parte del próximo libro que presentará el cineasta y escritor Luis Mérida Coímbra.

Me es grato anunciar mi próximo libro que saldrá el presente semestre a luz pública; EL LIBRO De Las Revelaciones D´ Belzebuth, son Tenor de Textos y Contextos, pasajes que arrancan el velo de la moral; alquimia erótica que corroe la tradición, la gran costumbre. Libertinaje y suprema indiferencia. Canto volcánico cruel, insensible e inclemente. Decepcionan, desencantan los buenos hábitos con arrojada intimidación verbal. 

Estos arcanos escritos me fueron entregados –entiendo- por el mismísimo Belcebú, el Demiurgo Perverso.  Son abjuraciones garabateadas en el catecismo, escritos hieráticos, humor negro eclesial. Inyecta en el contenido: provocación, procacidad, feracidad; ensueño feral, sueño fastuoso. Concibiendo la vida sin pecado concebido.

Manifestar, también, qué, durante las edades de la historia del amor, del sexo y del eros, el mundo estuvo poblado de íncubos y súcubos que se escurrían y cohabitaban en los lechos de monjas, frailes, vírgenes, siervos y siervas del Señor.

Lanzo a “La Otra Esquina” dos crónicas poemáticas relativas a estas fiestas que nos acontecen, las carnestolendas del placer, la lujuria y la carne.

    

Diez

Del tabernáculo de la mina salió la China Supay, máscara danzante, hembra sonriente, seductora, tentadora.  El “Tío”, con su gran pene erecto, lleno de serpentina y mucho licor encima la exhibía orgulloso y petulante, Mostraba sus rozagantes nalgas,

Sus lunares de entrepierna, su astro en el meollo bruno.

Ingeniosos ojos revelaban la artista.  Danzaba en sacro lugar de la

Virgen del Socavón -quien prefería no advertir la escena,

Volteando su venerado rostro-  En la nave central del templo ofrendaban a la manceba para supremo festín de Belcebú.

 

Ochenta

La gozosa oblación a la soltera de sus deseos permeaba al joven catecúmeno que llevaba en ancas de su corcel a la desflorada y venerada magnífica en el pajonal.  En el calendario se festejaba el Carnaval donde el populacho bebía sin asco ni discreción, todo andaba al revés, los ángeles abrazados y emborrachados cantaban coplas acuciantes de placer, Los frailes llenos de serpentina y cuantiosa bebida traveseaban con lozanas amantes. En la chichería todo era carnestolendas de salutación. El rey Nomo saludaba a discreción, Mirando satisfecho la Obra de su Creación.

 

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