¡Hay que tener ovarios!

Un titular así, claramente es una provocación, sobre todo cuando quiero hablar del valor de algunas mujeres llenas de coraje y valentía.

Quiero hablar de esas mujeres que marcaron la historia, hay cientos, miles por todo el mundo y me encantaría nombrarlas, pero hoy quiero hablar de las nuestras… Nuestra Bartolina Sisa, nuestra Juana Azurduy, nuestra María Barzola, nuestras cholas que se cargan la familia a cuestas, nuestras mujeres que luchan con el bebé a cuestas, con los hijos en las manos, esas mujeres, que desde donde están, no se quejan, sino actúan y transforman la realidad.

Hace poco tuve el placer de leer un personaje de la obra “Bartolina Sisa” de Verónica Armaza, excelente actriz e intrépida dramaturga, que describe en un brutal texto, la muerte de una “gigante” mujer indígena: Bartolina Sisa, que curiosamente, solo tenía al rededor de 30 años en el momento que fue torturada y ejecutada por la colonia española.

Desde el punto de vista ideológico, Verónica Armaza, reivindica la historia de los marginados y está muy bien logrado; pero el tesoro de la propuesta dramática, está en la construcción que hace de Bartolina Sisa, un personaje fuerte y libre; por un, lado capaz de comandar con maestría el ejército indígena y, al mismo tiempo, ser la mujer plena, la amante y el complemento de Tupac Katari.

Las imágenes descritas en la propuesta escénica y el texto que repiten los personajes, tienen el toque de crueldad y violencia que deben tener. Esto logra transmitir, por el razonamiento y la emotividad, el maltrato ejercido contra los pueblos indígenas.

Pero, aun con más franqueza, la pieza pone en evidencia la violencia ejercida contra la mujer desde siempre y por eso, además de la reivindicación histórica, nos transporta, rápidamente, a la actualidad, donde la lucha sigue, la lucha para constituir una nación sin racismo étnico y también una nación que respeta a los seres por igual, sin importar el género, la identidad de género, ni la orientación sexual.

Vivimos en una burbuja social, donde creemos que somos amplios y estamos libres de estereotipos sexistas, pero sin darnos cuenta, los reproducimos, no importa si eres hombre o mujer, nos han educado poniendo en nuestra mente ideas preconcebidas…

Por ejemplo, esa que dice que las mujeres son más débiles, por tanto los hombres debemos protegerlas o que la mujeres deben estar arregladas (producidas) para agradar.

Esos pensamientos ponen a la mujer como un adorno y todos lo ratificamos cuando las alabamos, diciendo que se bien con un determinado vestido o que están bonitas con ese color de labios… No importa si lo dice un hombre u otra mujer, estas frases están ratificando el estereotipo. 

Nos cuesta pensar diferente, mujeres sin depilar, que eructan, dicen malas palabras y tratan de levantarse a cuanto tipo haya en su camino… ¡Claro que cuesta! Porque nos enseñaron otra cosa, sobre todo las madres y abuelas, nos enseñaron que las mujeres deben ser señoritas.

Y se preguntarán que tiene que ver todo esto con la obra en cuestión… Todo. 

Verónica Armaza, logra liberarse de esa carga social y se olvida lo que le enseñaron; claramente no es señorita y vomita un texto brutal, deja de tener un vestido bonito y una boquita pintada, para tirarnos estiércol en la cara y decir en voz alta, que las mujeres han hecho gran parte de la historia.

Durante años solo nos han mostrado mujeres adorno en los museos. No nos muestran a las verdaderas mujeres que construyeron nuestra historia, las que siempre actuaron, las que gritaron… las que hoy gritan una nueva narración. 

La escritora, toma la historia por las astas y pone a Bartolina en el centro del conflicto, donde verdad estuvo. Esta mujer indígena actúa y no es el adorno de Katari, esta mujer lucha y no se queja, esta mujer no es una víctima que llora sus penas, esta mujer no tranza, esta mujer reniega de Eva y “deja de ser costilla”.

Esta Bartolina que dibuja Veronica Armaza, nos enseña a seguir y seguir peleando, como hoy lo hacen la mayor parte de las mujeres bolivianas.

Por eso, nuevamente insisto, agradesco a esta dramaturga, por cuestionar la historia, por gritar la verdad, porque para hacerlo hoy y siempre, hay que tener OVARIOS.

Diego Massi

Actor, director y dramaturgo

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